“La virtualidad en la clínica con niños”
Por Florencia Fernández.
Sabemos que la clínica con niños tiene su especificidad, como así también que cada sesión de análisis requiere de una apertura a la invención permitiendo así que la sorpresa advenga.
El Covid-19 y el distanciamiento físico como efecto colateral, nos enfrentan a la imposibilidad de trabajar cuerpo a cuerpo, confrontándonos con el siguiente interrogante; ¿se puede pensar en un trabajo de análisis con un niño de manera virtual?
La posición del analista y su presencia no necesariamente implican el cuerpo físico, nosotros que trabajamos con el inconsciente sabemos que es profundamente corporal pero no es equivalente al cuerpo, por otra parte, la voz también es cuerpo y el cuerpo puede ser encarnado por la voz.
Mencionaré dos breves recortes clínicos que se sucedieron bajo las coordenadas virtuales:
Hace unos días , en una consulta realizada a través de una video llamada, un niño de 6 años que está en tratamiento por algunas dificultades para manejar sus enojos además de un gran apego respecto de la figura materna, resuelve mostrar a su analista sus dibujos eligiendo dos : uno de animales y otro de laberintos.
Respecto del primer dibujo elegido, cuenta que allí hay dos jirafas una linda y otra que da miedo, cuenta que esta última tuvo que ser arreglada, dirá: “una era linda y buena y la otra fea y mala”. Frente la pregunta respecto de quién dice eso, el niño responde, “mi mamá…y yo”. La intervención de la analista será: “¿tu mamá o vos?”. De allí un silencio para dar lugar a la respuesta: “mi mamá, creo”.
Luego, escoge el dibujo que contiene un laberinto .Cuenta de los obstáculos con los que allí tropieza; “hay animales salvajes que largan veneno”, esta frase oficiará de disparador para comenzar a hablar de sus miedos, cuenta que en su clase hay amigos con los que se peleó porque él los pateó. Frente al pedido de la analista de que hable de ello, el niño con angustia comienza a relatar que sus compañeros lo tenían encerrado y no lo dejaban salir.
¿Como en el laberinto? preguntará la analista a lo que el niño responde con sorpresa “sí!” agregando que en su laberinto no hay salida pero se puede volver al principio.
Volver al principio, podrá ser eventualmente una salida que habilite un nuevo recorrido.
Hasta aquí dos situaciones breves que me convocan a escribir para decir algo de lo que en un análisis con niños puede acontecer a través de un dispositivo que pone en jaque al analista y analizante, un salto que nos concierne resultando dificultoso determinar cuáles son sus alcances.
Dice Oscar Masotta “donde circula la palabra el analista tendrá un lugar”, por tanto la palabra puede hacerse presente a través de un teléfono o a través de una computadora. Así como también puede faltar a la cita estando físicamente presentes.
Será entonces tarea del analista hacer lugar al acto que inaugure y sostenga un análisis más allá del medio que utilicemos para dichos fines.
Hasta hace poco tiempo lo creíamos imposible, ahora conviene interrogarnos respecto de si ese no sería solo uno de los obstáculos a transitar en el laberinto del analista.
Preguntarse por su lugar en esta pandemia, no es menor: tendríamos que definir primero a qué llamamos presencia del analista, y tal vez nos encontremos con que este real que nos provoca también nos impulsa a pensar desde una nueva perspectiva el espacio donde transcurre un análisis, ya no como un espacio físico donde resulte imprescindible el encuentro cuerpo a cuerpo.
Si bien sabemos que ello nos puede incomodar y probablemente nos resistamos un poco, enseguida caeremos en la cuenta de que ser analistas requiere de estar a la altura de los significantes de la época, intentando decir con ello, que no se tratará solamente de hacer una lectura de lo que acontece sino también de actuar en consecuencia. Para ello, en vez de esquivar el bulto y ocultarnos hasta que pase la tormenta, los analistas deberemos hacerle frente.
Florencia Fernández – Psicoanalista
Miembro de Grupo Lacaniano Montevideo
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