«De interrupciones y abandonos. Cuando el paciente se va o “lo vamos”».
Las interrupciones me generan interrogantes, me pregunto sobre la dirección de esa cura, sobre el lugar en el que esa partida me deja para el sujeto que se va, ¿y qué nos pasa a nosotros los analistas con esa interrupción? Así que como punto de partida, pienso que las interrupciones me dejan en falta, porque me ponen a producir, a preguntarme y a trabajar sobre lo que acontece.
¿Qué es una interrupción? Buscando en un diccionario cualquiera en la web encuentro lo siguiente: es la acción de interrumpir, hacer que una cosa empezada pero no acabada no continúe definitivamente o por un tiempo limitado. Impedir a alguien que continúe lo que estaba haciendo. En cambio y para comenzar un intento de diferenciación, una terminación, según el mismo diccionario, es la acción de terminar, es hacer que una cosa llegue a su fin, o hacer la última parte de esta cosa. Lo cual se acercaría más a lo que entendemos como un final de análisis, algo que se lleva hasta su final en tanto termino.
Hay interrupciones que nos toman por sorpresa, el paciente no viene más, otros avisan por teléfono que no vendrán más, otros lo traen a consulta creando una oportunidad para trabajar eso que acontece, tal vez hasta generando un tiempo de trabajo de esa interrupción. Hay interrupciones que podemos leerlas en consulta y estando advertidos de su posibilidad, poderlas trabajar. Hay interrupciones que nos generan emociones: tristeza, preocupación, alegría, alivio.
Hay dos lugares producidos por las interrupciones que me generan preguntas. El lugar en el que quedamos colocados para ese otro, que nos supone un saber. Pero también me interroga el lugar que nosotros quedamos ocupando, para nosotros mismos en tanto analistas. ¿Será que siempre, se trate de una interrupción o de una terminación, siempre quedamos en un lugar de des-hecho? ¿Caemos de la posición de analista? Entonces, ¿por qué las interrupciones nos pueden hacer sentir cosas distintas?
Cuando ese paciente que interrumpió su trabajo hace un tiempo, vuelve a la consulta, y comienza un nuevo trabajo, tal vez en el mismo tiempo o en otro nuevo, esta interrupción nunca nos dejó en un lugar de deshecho, de lo contrario, jamás se produciría una vuelta. ¿En qué lugar quedamos colocados en este tipo de interrupciones? ¿En la idealización?
¿Qué es lo que quedó inconcluso, si hay algo del análisis que puede in-concluir? ¿Qué fue lo que no escuche en aquel tiempo?
Y aquellos pacientes que ya habiendo transitado por otros procesos psicoanalíticos o terapéuticos, y habiéndose producido la interrupción con aquel colega que oficiaba de semblant, vuelven a consultar, pero con otro sujeto ¿qué lugar ocupa aquel y qué lugar venimos a ocupar nosotros? En tanto semblant, ¿será el mismo lugar? Entonces, ¿Por qué no volvió con aquel profesional? Sera que esa interrupción puede ya estarnos advirtiendo de cierto corte con ese Otro, y por lo tanto cierto transitar analítico? ¿Algo cayó de aquel otro colega para este sujeto que vuelve a producir una demanda? ¿O se tratará del lugar que aquel otro quedo ocupando para este sujeto que vuelve a consultar?
También me pregunto sobre lo terminable y lo inter-minabe, sobre sí hay un tiempo de concluir, o hay varios tiempos de concluir. Entonces me encontré leyendo a Freud, quien en 1937, además de hablarnos del “lento decurso de un análisis” escribía que el análisis ha terminado cuando: “el paciente ya no padezca a causa de sus síntomas y haya superado sus angustias, asi como sus inhibiciones… que el analista juzgue haber hecho consiente en el enfermo tanto lo reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos patológicos en cuestión ” De lo contrario, dice Freud, se hablará de un análisis imperfecto.
Freud también va a decir en el mismo texto: “ni siquiera un tratamiento analítico exitoso protege a la persona por el momento curada de contraer luego otra neurosis… hasta un retorno del antiguo padecer”
Recorte clínico extraído para publicación.
Pensándolo en ésta instancia de producción y con ustedes, mi lectura de esta interrupción, tiene que ver con la resistencia y los tiempos de la paciente, ella puede decir… que no lo puede decir, en éste tiempo, y tal vez por eso, lo hace acto y dolor, aquí donde el goce insistió, y no hubo posibilidad de algún recorte que posibilite la continuidad del trabajo. Freud escribe: “el paciente… quien está pronto para conformarse con una tramitación imperfecta”…y también escribe “la curación misma es tratada por el Yo como un peligro nuevo”
Son variadas las interrupciones que pueden producirse, tal vez tantas como procesos de cura dirijamos. Aunque no todos los procesos que dirigimos son interrumpidos, algunos pueden llegar a la terminación, al fin de esa cura. Entendiendo acá, lo que Lacan plantea como la caída del Sujeto Supuesto Saber, y el des-ser del analista eyectado como resto, cosas que no pasan en una interrupción, más allá de que puede haber una caída del lugar del analista.
Las interrupciones, como la que les contaba anteriormente, tienen que ver con la dirección de la cura, las resistencias del paciente y sus tiempos, y también nuestras resistencias, que entre otras cosas tienen que ver con nuestra forma de saber hacer con todo lo ya nombrado. Algunas veces las causas de una interrupción son la desilusión o la frustración que un paciente siente ante el analista, que se trata de resistencias y de la transferencia haciendo su trabajo.
Algunos pacientes se van por lo que Freud llama “resistencia a la cura analítica”. Freud ya nos anticipaba en sus palabras lo que posteriormente Lacan trabajará como goce. Dice Freud: “una fuerza que se defiende por todos los medios contra la curación y a toda costa quiere aferrarse a la enfermedad y el padecimiento”. ¿Cuánto de goce podemos encontrar en la resistencia de un analizado?
¿Acaso no es responsabilidad del analista estar advertido de la resistencia del analizado, del goce en juego y poder hacer algo con eso, ahí donde se presenta? ¿No es parte de nuestro trabajo diario, encontrarnos con las resistencias, de lo que el sujeto se defiende para mantener un estado conocido, sufriente, del cual goza? Entonces, no siempre podemos hacer ahí con el decir del sujeto, si de resistencia e interrupciones se trata.
Nos dice Lacan en 1954 “Ciertamente, el análisis como ciencia es siempre una ciencia de lo particular. La realización de un análisis es siempre un caso particular, aun cuando estos casos particulares, desde el momento en que hay más de un analista, se presten, de todos modos, a cierta generalidad”. Creo que como bien lo enseña Lacan, la clínica es de “Uno en Uno”, por lo tanto, puede que las interrupciones nos dejen en lugares distintos, ocupando posiciones allí donde fuimos para ese analizante o paciente. Intercambiando ideas con un analista que se nomina freudiano, Alejandro Vainer, me decía “el analista tiene un duelo por delante, tanto si un paciente interrumpe como si concluye su análisis. Dicho duelo será singular, dependiendo de lo que haya jugado en la propia contratransferencia del analista, el lugar de cada paciente…” Pero este lugar producido por la interrupción del paciente, aquel que parece requiere de un duelo por parte del analista, ¿será el mismo no lugar que nos plantea Lacan en el fin de una cura? ¿Y no será el mismo duelo para cada interrupción?
Aquel lugar que Ricardo Landeira dice: “la producción de la letra del otro… nos hace polvo a nosotros”. Continúo: y él escribe “los analistas trabajamos con la letra del analizante… pero nuestro lugar no es el de creador, ni el del padre, ni el del amo”. Entonces nuestro lugar, en tanto naciente en la falta, es el lugar de semblant del objeto causa del deseo y sujeto supuesto saber.
La caída del analista de su posición, la desuposición como forma de terminación de análisis, donde el analista deja de ocupar el lugar de Sujeto Supuesto Saber. Se trata de la caída de lo transferido al analista, dejamos de ser aquello que el otro nos-creía. Esto en tanto terminación de un análisis.
Landeira en el mismo texto “Los actos en la cura analítica” nos dice de esta des-uposición: “… la producción de la letra en un análisis realiza la caída del analista de su posición. Hecho que comprobamos, no se produce sólo al término de un análisis y menos aún como un acto único” Entonces, podríamos pensar también las interrupciones como cortes que pueden ir produciendo la caída del analista.
Para este momento, podría aproximarme a una primer idea sobre las interrupciones, no tienen que ver con la caída de aquello que se le suponía al analista, pero si con la caída del analista de ese lugar, ya que muchas de las veces se trata de un acting, un pasaje al acto, o de eyecciones que el propio analista hace de aquel que por alguna razón no puede escuchar.
Les contaré una anécdota donde la dificultad de escuchar al analizado y eyectarlo en acto es un ejemplo. Una paciente haciendo diván, hablando muy angustiada de lo que le acontecía, escucha de repente un audio de un celular a sus espaldas. Efectivamente quien ocupaba el sillón del analista estaba revisando su celular en consulta, y vía equivoco reproduce un audio. Ese fallido no lo trae, no lo explica, no se disculpa… intenta que la paciente siga con su discurso. Esta paciente fue eyectada, y se produjo una interrupción. ¿Cabe preguntarse qué le pasaría a este analista que no podía escuchar? Y por lo tanto, preguntarnos por la resistencia del analista. Y también por lo que podía estar sucediendo con la transferencia de ambos.
Lacan nos hablará de la posición del analista en “El momento de la resistencia” y nos dirá: cuando un analista no ocupa el lugar diferenciado de aquel que desea escuchar, lugar del supuesto saber, entonces su trabajo no es más que su propia proyección. Y por lo tanto, no escucha, ni dirige una cura. Lacan continúa diciendo “Los sentimientos son siempre recíprocos. A pesar de las apariencias, esto es absolutamente verdadero. Desde el momento en que se pone a dos sujetos en el mismo campo, los sentimientos son siempre recíprocos.”
Recorte clínico extraído para publicación.
Recuerdo palabras de Freud para pensar algo de lo que le pasaba a este paciente: “todo lo que destruye, suspende, altera, la continuación del trabajo. Todo aquello que destruye el progreso de la labor analítica es una resistencia” (tomado de texto de Lacan). Freud en el 1937 sugería que la pulsión de muerte es responsable de gran parte de la resistencia que se encuentra en el análisis, siendo la causa última del conflicto anímico.
Freud decía que la fuerza de la resistencia es inversamente proporcional a la distancia que nos separa del nódulo reprimido (Metapsicología). En cambio Lacan, quien va a plantear una concepción distinta del concepto de resistencia, dice “que la resistencia que encontramos es tanto mayor cuanto más se aproxima el sujeto a un discurso que sería el último y el bueno, pero que rechaza de plano”. (Momento de la Resistencia – Primeras intervenciones)
Plantearé algunas preguntas que Lacan hace en 1954 que me relanzan en la producción sobre la resistencia: “Es la resistencia un fenómeno que solo aparece en el análisis? O bien es algo de lo que podemos hablar cuando el sujeto está fuera del análisis, incluso antes de llegar a él, ¿o después de dejarlo? ¿Sigue teniendo sentido la resistencia fuera del análisis?”
Cuantos sujetos, a pesar de tener nuestro teléfono, tardan meses en contactarnos y venir a consulta, cuántos otros sujetos, a pesar de estar pasándola mal, dicen no necesitar ir a un analista.
¿Y de la resistencia del analista? En una Presentación de enfermos que Lacan realizó en Sainte-Anne en 1976 llamado “Una Psicosis lacaniana”. Lacan desarrolla toda la entrevista y al culminar, entre otras cosas, dice “No veo de ningún modo cómo va a solucionarlo. Hay tentativas de suicidio que terminan con éxito” refiriéndose a lo que pensaba del posible trabajo y pronostico que podía tener el sujeto entrevistado. ¿Y dónde queda aquello de no retroceder frente a la psicosis? ¿Qué pasó con Lacan frente a este sujeto? Este paciente decía tener pensamientos impuestos, entre alguno de ellos decía que era “una especie de desecho humano”, lugar al que entiendo Lacan lo remitió con el pronóstico que enunció. Entonces: ¿La resistencia es de quién escucha? Se trate o no de la dirección de una cura.
Lacan nos hablaba “que la contratransferencia no es sino la función del ego del analista, lo que denominaba la suma de los prejuicios del analista. Asimismo, encontramos en el paciente una organización completa de certidumbres, creencias, coordenadas, referencias, que constituyen, hablando estrictamente, lo que Freud llamaba desde el comienzo un sistema ideacional… Continuo con la escritura de Lacan: “… el psicoanálisis es una técnica que respeta a la persona humana… Sería entonces paradójico colocar en primer plano la idea de que la técnica analítica tiene como objetivo forzar la resistencia del sujeto.”
Entonces, basta con escucharla, estar advertidos que ahí… pasa algo con el sujeto, ¿saber del goce? ¿Ponerla en palabras seria forzarla? ¿Forzar la resistencia que efectos tendría en el espacio de análisis? ¿Una interrupción? ¿Pensar en los tiempos del sujeto para intervenir, también es poder escuchar la resistencia o los goces?
Lacan en 1971, “La dirección de la cura y los principios de su poder” va a escribir, cito: “… la resistencia es engendrada en la práctica… No hay otra resistencia al análisis sino la del analista mismo”.
Lacan ya nos advierte diciéndonos que la resistencia no solo es un concepto psicoanalítico complejo sino también ambiguo.
Tomo palabras de Lacan para continuar este pensamiento: “Que el único sujeto analizante, el analista, haya experimentado incluso sentimientos de celos, tenerlo en cuenta a modo oportuno, para guiarse por ellos cual una aguja indicadora más, es asunto suyo. Nunca dijimos que el analista jamás debe experimentar sentimientos frente a su paciente. Pero debe saber, no sólo no ceder a ellos, ponerlos en su lugar, sino usarlos adecuadamente en su técnica” (El momento de la Resistencia – La resistencia y las defensas 1954)
El trabajo con otros nos provoca y evoca, está nuestra historia y nuestra posición subjetiva, una variedad amplia de afectos y emociones, de afectos que tienen efecto en nosotros. Pero que solo nosotros debemos saber de ellos, como dice Lacan, “ponerlos en su lugar”, no ceder ante ellos, no actuarlos, tal vez no tirarle por la cabeza ninguna maceta al analizante. Pero esto que nos pasa, con ese otro que escuchamos, y que nos evoca transferencialmente algunas cosas, es una herramienta fundamental de trabajo para intervenir allí donde no podemos colocar nuestras afecciones más que en la vuelta de lo que sentimos, pero ya trabajado.
Trabajando con una joven, transferencialmente sentía un fuerte rechazo, por momentos ganas de que se fuera, pero quería seguir escuchándola, sabia de su sufrimiento, y estaba muy advertida de lo que ME sucedía. Como imaginaran, esta joven estaba muy sola, porque este afecto que yo sentía, era el que primordialmente existía en la vida de esta analizante. A mi me pasaba algo similar de lo que le pasaba a las personas que la rodeaban… y como dice Lacan, y advertida de esto, no cedí ante ese afecto de rechazo, no lo actúe, lo trabaje y lo puse en su lugar, hasta poder trabajarlo con ella. Fue a partir de ese tiempo, donde comenzó a trabajar lo que provocaba en los demás y su responsabilidad, esos otros semejantes se iban de su lado de una manera un tanto violeta, porque ella hacia todo lo posible para eso… incluso con su analista.
Para no ceder ante lo que sentimos transferencialmente y ponerlo en su lugar, hay que estar advertido, y eso solo se obtiene, en tanto posición, en un análisis personal. Estar advertido es haber transitado por un análisis, condición necesaria para poder escuchar a ese que nos supone un saber y también poder escuchar lo que nos pasa con ese otro.
Lacan nos va a decir que el análisis de las resistencias es buscar más allá del discurso e intervenir en el discurso. Nos plantea que lo que produce a un analista es su análisis. ¿Acaso los analistas, a pesar de nuestro tránsito por el análisis, no seguimos soñando, haciendo lapsus, y hasta anudando a través del síntoma?
Lacan nos transmite sobre el lugar del control y la producción de psicoanálisis con otros, de la extensión y la intensión, además del devenir analista en nuestro análisis personal y en tanto otro que nos nombre analista, para poder estar advertidos y poder hacer ahí, cuando dirigimos una cura.
Cecilia Bach.
Segundas Jornadas de la Red Lacaniana de Psicoanálisis 14 de abril de 2018.
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